lectores:
la muy puta da en este momento sus últimas pulsaciones de ceros y unos desapareciendo de un lugar que no sé dónde queda ni cómo se gestó.
repaso un número: más de ocho mil veces alguien ingresó aquí (la mayor parte de ellas tal vez se trataba de imprevistos viajeros en busca de alguna forma de saciar su deseo de placer: lamento haberlos decepcionado con el nombre del sito).
de todos modos y descontándolos a ellos, no puedo dejar de pensar cuántos saben ahora que un día mi sordera de años se derrumbó repentina, o prueban a partir de acá escribir la forma del viento, retornar al recuerdo/ de un modo matemático, olvidar esa triste expresión de recompensa que nos dejan los triunfos.
la muy puta cobró hoy su última paga, por cierto atrasadísima.
se despidió con un ademán antiguo, alzando la misma mano con la que acorralaba los billetes de su viejo sudor. quizá señalaba que si alguien gana es porque en otro lugar, alguien pierde.
quién sabe.
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sara ordenó los vestidos
como los dedos después del amor
imaginó que una mano jamás caería
en las señas del sufrimiento
o la ilusión de alguien que se sostiene
sin ser ella la otra mano
pensó un jugo de quietud
bebió pequeñas decenas de hombres nuevos
que por reír
venderían sus pelos sin carne
o molerían los huesos de los más viejos como alimento
sara alteró el orden de sus nombres para
hacer el amor de los otros sin tener que recordarlos
y estarles debiendo una mirada de alivio
calculó un recinto donde cubrir
su espalda y el dolor de los testigos
susurró alguno de los posibles pero
no pudo prometerse
luego
entre dos láminas de acero
dejé de nombrarla sin saberlo